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Mostrando entradas de enero, 2022

Parhelio

  Hoy ha sido uno de esos días en que la lluvia persistente recuerda la nadería de la que estamos hechos; desde esta mañana no ha dejado de repetirlo. Cada vez que una ráfaga de viento empujaba las gotas contra los cristales de la ventana de la habitación, yo me arrebujaba más entre las sábanas. Pero, no era cuestión de pasarse toda la mañana metido en la cama aguardando el regreso de Soledad, así que hice de tripas corazón y me destapé sin pensármelo dos veces. El frío me golpeó y me impelió a ponerme en acción, si no quería helarme allí mismo. Es cierto que con la calefacción se podría haber caldeado el cuarto, incluso toda la casa, desde una hora prudencial, o haberla dejado encendida las veinticuatro horas que dura el día; no es por ahorrar dinero, sino que de siempre he detestado ese tipo de calor y no tenemos calefacción, tan sólo un par de estufas. Digo no tenemos porque, si bien Soledad insiste todos los inviernos en convencerme para ponerla, ella también comparte el fresco...